lunes, 11 de enero de 2010

LA GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA NEOLIBERAL Y LA SALUD.

Autor: Dr. Carlos Pazos Beceiro

La globalización y la degradación ambiental.

El aumento del consumo incontrolable, que se traduce inevitablemente en degradación ambiental mediante el ciclo superproducción-consumo-eliminación de desechos, contribuye a que el mundo presente, cada vez más, una escasez progresiva de recursos renovables para sostener al ambiente y al género humano. El indetenible afán de un rápido crecimiento económico, con la desestimación del costo ecológico por parte del proceso globalizador económico liberal, conduce indefectiblemente a una crisis de dichos recursos imputable en lo fundamental a la deforestación, la degradación de los suelos y a la desertificación.

Dicha crisis se convierte en una importante fuente del incremento de la pobreza mundial que amenaza la vida de millones de personas, sobre todo de las áreas rurales, cuya sustentación depende directamente del medio geográfico en el que viven, el que se vuelve marginal, como ocurre ya con 500 millones de los pobladores más pobres del mundo.

Deforestación, degradación de los suelos y desertificación.

El costo humano causado por la deforestación es extremadamente alto. Los bosques están ligados íntimamente a la supervivencia del hombre, no sólo para su alimentación, sino también para su provisión de medicamentos, su abastecimiento de energía y para satisfacer sus necesidades constructivas. Pero, además, son directamente responsables de la oferta de agua y reguladores importantes de las condiciones climáticas.

Son varios los factores que llevan a la deforestación: el incontrolable incentivo económico con inescrupulosos fines lucrativos las maquinaciones políticas que los sustentan y la inseguridad en la tenencia de la tierra. Estos mecanismos se imbrican en un nefasto círculo vicioso por el cual se estimula a los moradores pobres a que despojen las zonas boscosas con distintos argumentos: la construcción de nuevas asentamientos «más fértiles»; como medios de seguridad contra «futuros invasores de su propiedad», o la oferta del cambio de la producción agrícola por la ganadería, que a la postre resulta un negocio incontrolable.
En las dos décadas finales del siglo xx se han talado, coma ya se ha expresado, 160 millones de hectáreas de bosques tropicales, tres veces la superficie de Francia, con un ritmo anual de un área equivalente a la de Uruguay  incluso en Europa solamente el l % de sus bosques originales sigue en pie.

En los últimos 60 años se ha degradado mas de la sexta parte de la tierra productiva del mundo, el 80% de la cual pertenece al Tercer Mundo. Dicha degradación reduce en una gran medida la utilización la productividad per capita de las tierras agrícolas, con la subsiguiente reducción de los medios alimentarios para el ganado. Pero, además provoca el éxodo de grandes masas de agricultores hacia otras áreas en  busca de tierras más fértiles.

Por otra parte, como resultado del bombeo excesivo de las aguas subterráneas y del agotamiento de las acuíferas, se ha reducida la disponibilidad del total de agua en el 43% en el periodo comprendido entre l950 y 1995 .

Pero la crisis más severa dentro del proceso general de degradación del suelo se debe a la desertificación, no sólo por las características naturales de las tierras áridas, que ocupan un tercio de la superficie terrestre: vegetación escasa, climas extremadamente duros y suelos frágiles, sino, además, por el elevado costo mundial anual de las perdidas por ingresos que determinan y que alcanzan ya cerca de 45000 millones de dólares, a lo que se añade lo más importante, el costo humano: 250 millones de personas y los medios de subsistencia de otros 1 000 millones están en peligro por la destrucción de las cosechas .

Otros problemas ambientales y su incidencia en las poblaciones pobres.

Los principales problemas ambientales internacionales (lluvia ácida, incendios forestales, agotamiento de la capa de ozono y el calentamiento mundial de la atmósfera) constituyen la amenaza mas seria que enfrenta la humanidad no sólo por su magnitud intrínseca sino, además, porque no pueden prevenirse ni resolverse en escalas de tiempo convencionales determinadas por el ser humano.

La lluvia ácida, provocada esencialmente por las emisiones de óxido de sulfuro y por otras sustancias contaminantes, fue privativa por mucho tiempo de los países industrializados, particularmente de Canadá, Polonia y los países nórdicos, aunque tuvo siempre como característica su capacidad lesiva sobre otros países pobres. Por ejemplo, en 1993, los Estados Unidos emitieron 20 millones de toneladas métricas de dióxido de sulfuro, en comparación con los 38 millones que dejaron escapar a la atmósfera 20 países asiáticos . Pero en los últimos años se ha transformado en un serio problema para países en desarrollo como China, República de Corea, Tailandia y la India. En este último se ha reducido a la mitad el rendimiento de las cosechas de trigo, fenómeno imputable a importantes emisiones de dióxido de sulfuro desde áreas aledañas.

Los incendios forestales.

Los incendios forestales siguen constituyendo un grave problema ambiental en todo el orbe, ya que no sólo se afecta el país o el territorio donde se originan, si no que el humo y la contaminación del aire se desplazan hacia áreas vecinas, con la consiguiente afectación económica y de la salud de gran número de personas.

Se recuerda al año 1997 como uno de los más trascendentes mundialmente en este tipo de siniestros, como el de Indonesia y los del Amazonas, que se incrementaron anualmente en el 30%. En ese año, los incendios forestales destruyeron en el mundo unos 5 millones de hectáreas de bosques y de otras tierras.

Lo más grave en la génesis de muchos de estos destructivos incidentes ecológicos está dado por los enfrentamientos entre los consorcios internacionales y los colonizadores pobres por el otorgamiento de concesiones para la tala de las zonas boscosas. Muchas veces los primeros le dan fuego a la tierra para expulsar de ella a los minifundistas, y otras veces estos queman los árboles plantados por las multinacionales. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, los pobres no tienen nada que ver con las causas de esos incendios y si sufren mayoritariamente sus terribles consecuencias físicas y materiales.

El agotamiento de la capa de ozono.

El daño que las emisiones del clorofluorcarbono producirán en la protectora capa de ozono, fue predicho en 1974 por Sherwood Rowland y Mario Molina, aunque se detectó por vez primera en la Antártida once años más tarde, pero fue rechazada su evidencia aduciéndose la utilización de sensores defectuosos en el diagnóstico. Pero la realidad era que la humanidad había fallado en la detección de este fenómeno, en parte prejuiciado por no querer admitir la responsabilidad del hombre al causar, con su incontrolada actividad económica, un desbalance, La globalización y la degradación ambiental posiblemente irreversible, en el desarrollo de la vegetación natural orbe, fundamental para su supervivencia, así como un gran incremento de lesiones cancerígenas de la piel humana.

El recalentamiento mundial de la atmósfera.

Es un hecho que en los últimos 5 000 a 10 000 años el clima global en el que ha vivido la humanidad no sufrió variaciones mayores de los grados Fahrenheit en relación con el actual. Sin embargo, como se expresó, el incremento del calentamiento global en 1,25 grados Fahrenheit ocurrido en 1990 evidencia fehacientemente que el cambio climático «invernadero» ha comenzado, ya que la gran concentración de anhídrido carbónico se inicio hace un siglo y continua matando.

Pero además, se sabe que la economía humana basada en sustancias fósiles es la causa principal de la rápida acumulación de «invernadero» en la atmósfera, fundamentalmente del dioxicarbono resultante de la combustión de carbón, petróleo y gas natural pues en la actualidad 5 300 millones de personas queman anualmente el equivalente de más de una tonelada de carbón cada una. Sin embargo, otros contaminantes como el metano, el clorocarbono y el óxido nitroso son potencialmente más dañinos que combustibles fósiles, pero hasta el momento su emisión es mucho menor que la de estos.

Los costos que deberá pagar la humanidad por las acciones contaminantes anteriormente descritas son muy elevados y casi se puede decir que es ya muy tarde para detenerlas y mucho más para invertirlas. Entre ellas se encuentran el daño ocasionado a la agricultura, la gran disminución de las cosechas, sobre todo en los países pobres -en un estudio mundial realizado en la década del 90, se predijo para el año 2050 una reducción en más del 30% de aquellas en la India y Paquistán-; el poder destructivo de las inundaciones de las costeras bajas y de los estuarios, en los que vive mas del 50% de acción mundial, por la elevación en un metro del nivel del mar; (Robert Goodland) las afectaciones a los puertos y a las ciudades costeras, y un incremento significativo de las precipitaciones anuales a nivel mundial.

Otras agresiones al ambiente.

La desestimación del costo ecológico por una economía globalizada incontrolable continua agrediendo y degradando el entorno mundial, lo que se traduce directamente en afectaciones a la salud de su población y de sus condiciones de vida.

Así, se sigue incrementando el volumen de desechos doméstico sólidos, cuya deficiente eliminación es un constante factor coadyuvante en los problemas de salud en todas las latitudes. Solamente los países en desarrollo, del 20 al 50% de los desechos domésticos sólidos no se recogen , y los que no son tratados constituyen la causa mas frecuente del bloqueo de los canales de drenaje urbano en Asia, por lo que se incrementan de esta manera las inundaciones y las  enfermedades de causa hídrica.

Pero uno de los más graves problemas que enfrenta el mundo actual en relación con la contaminación ambiental esta representado por los desechos industriales. Tanto la industria como la minería son los responsables directos al nivel mundial del vertimiento al mar, río, lagunas y terrenos de innumerables sustancias tóxicas procedentes de los residuos de sus actividades productivas, entre los que con mayor  frecuencia se encuentra los plaguicidas, órganos clorados, grasas y aceites, metales pesados, ácidos y cáusticos, toxinas y muchos otros elementos agresivos químicos. Situación mucho más critica a veces en los países menos desarrollados por no contar con los recursos materiales, tecnológicos y legales suficientes para combatirla, en comparación con los países altamente industrializados. Por ejemplo, los ríos de Asia contienen veinte veces el promedio de plomo de los de los países desarrollados. En Perú, en 1997, se filtraron al río Pakoy 20 000 toneladas de desechos mineros que contenían cianuro .

Sin duda, existe un desequilibrio enorme entre los afectados por los productos tóxicos y por los desechos industriales en el mundo, donde los pobres sufren incomparablemente más que los ricos. Los agricultores y los campesinos de los países del Tercer Mundo están constantemente expuestos a riesgos ocupacionales de salud por los  plaguicidas y otros agresivos tóxicos. En los últimos años, cerca de 25 millones de ellos (50% africanos) se envenenan anualmente y cientos de miles mueren por esta causa .

Las poblaciones de los países pobres son también más vulnerables a los accidentes industriales por asentarse -muchas veces ilegalmente- en una mayor proporción en los entornos de esos centros productivos, como ocurrió en el accidente de la fábrica de la Unión Carbide de Bhopal, India, en 1984, cuando un escape de gases letales mató a 8 000 personas y lesionó a más de 50 000 .

El costo promedio mundial de la eliminación autorizada y responsable de desechos tóxicos es de unos 3 000 dólares por tonelada, pero su incremento desproporcionado ha estimulado el trafico de aquellos de los países industrializados a los países en desarrollo, en los cuales dichos desechos se pueden enterrar sin tratamiento previo por un insignificante costo de hasta cinco dólares por tonelada .

Los principales indicadores de la salud.

La salud es, sin duda, el elemento más apreciado por los pueblos y paradójicamente el más carencial para la mayoría de la humanidad; deficiencia íntimamente asociada al sistema económico neoliberal y a la pobreza.

La historia de la Conquista en nuestra América es un triste precedente de lo que ocurre en materia de salud en la actualidad. En aquella época existían más de 2 000 pueblos, en la región amazónica solamente, con una población superior a los 7 millones de habitantes, que se reduce a sólo 2 millones hoy día, diezmada por las enfermedades traídas por los conquistadores, tales como el sarampión, la viruela y la influenza, entre otras, además de por la brutalidad de la explotación socioeconómica a la que fue sometida.

Desdichadamente, la tragedia histórica no sirvió de experiencia, y ya inmersos en el tercer milenio, las principales estrategias de la nueva conquista, la globalización neoliberal (privatización indiscriminada, agricultura exportable, festinado crecimiento económico, desregulación y disminución gradual de la vigencia de los Estados en el desarrollo de las naciones) inciden negativamente en todos los factores determinantes en las condiciones de salud: presupuestos, programas de desarrollo, nutrición, situación sanitaria y en muchas otras que se ponen en evidencia mediante distintos indicadores de aceptación internacional imbricados en la angustiosa situación de pobreza que sufre la gran mayoría de la humanidad.

En el cuadro 1 se exponen diferentes indicadores comparativos de la salud global, entre los países desarrollados, los del Tercer Mundo y los más pobres del orbe, confeccionado sobre datos del Informe Mundial de la UNICEF, publicado en el año 1997.

Al exponerse de forma comparativa algunos de los principales indicadores de la salud entre los países en desarrollo y los industrialización se ponen en evidencia las grandes desigualdades que el injusto orden socio-económico impuesto por la globalización neoliberal determina en el mundo, las que se extreman cuando se incluye el análisis de la mortalidad naciones más pobres.


Uno de los más importantes indicadores de la salud es la tasa de mortalidad infantil (por 1 000 nacidos vivos), que está asociado a diferentes factores, como el estado de salud infantil y materno, el acceso a los servicios de salud y su calidad, las condiciones socio-económicas, estatus de pobreza y el estado de las acciones y las prácticas de salud pública.

En el cuadro 1 podemos observar que el promedio de esta tasa en los países del Tercer Mundo y en los menos desarrollados del orbe es 9,5 y 15,5 veces mas alta, respectivamente, que la de los países desarrollados, 10 que pone de manifiesto las profundas desigualdades socio-económicas y de desarrollo general entre los tres grupos de naciones analizados. Pero, además, dentro del Tercer Mundo existen áreas con una situación extrema, el África Subsahariana, cuya tasa de mortalidad en niños menores de 1 año es superior a 100 y la de niños menores de 5 años es superior a 170.

Resulta interesante señalar un factor coadyuvante en la disminución de este indicador: la educación. Estudios recientes realizados en 25 países en desarrollo han demostrado que la práctica de la educación materna por un periodo entre 1 y 3 años puede reducir la mortalidad infantil hasta en el 15%.

El PIB en USD de los países del Tercer Mundo es 23,5 veces menor que el de los países desarrollados, y el de las naciones más pobres 10 es 119,7 veces.

Cuadro 1. Indicadores comparativos de salud (1995)

Fuente: UNICEF. Estado mundial de la infancia. Nueva York, 1997

La expectativa de vida promedio de las poblaciones del Tercer Mundo y de los países más pobres del orbe es 15 y 25 veces menor, respectivamente, que la de los países desarrollados. Cincuenta millones de personas poseen en la actualidad una expectativa de vida inferior a los 45 años. Este indicador esta estrechamente relacionado con el acceso a la salud, el bienestar y la seguridad social, la alimentación y a muchos otros factores que muestran fehacientemente el incremento progresivo de las desigualdades entre pobres y ricos en el mundo de hoy.

Otro indicador presente en el cuadro 1, el bajo peso al nacer; muestra ser 3,16 y 3,8 veces mas frecuente su hallazgo en el Tercer Mundo y en los países más pobres del orbe, respectivamente, que en las naciones desarrolladas. Para los niños que pesan al nacer entre 2 000 y 2400 g, el riesgo de muerte neonatal es cuatro veces más alta que los que pesan entre 2 500 y 2 999 g, y diez veces más alta que los que pesan entre 3 000 y 3 499 g. Además, el riesgo de muerte se extiende al periodo posneonatal, que incluye el síndrome de muerte súbita infantil. En los países donde los síndromes diarreicos y las infecciones respiratorias agudas constituyen las mayores causas de muerte, los niños con retraso del crecimiento intrauterino presentan un incremento de los riesgos de morbilidad.

Lo mismo ocurre con la emaciación moderada-grave, la que se encuentra en los dos primeros grupos de países antes citados con una mayor incidencia del 10 y el 14%, respectivamente, en relación con los países industrializados.


En los países en desarrollo, la causa fundamental del 55% de los 12 millones de niños menores de 5 años que mueren anualmente es la malnutrición. E140% de los 226 millones de esa misma edad que viven en dichos países sufre de subdesarrollo de la talla y del peso corporal. La insuficiencia de peso corporal en los países del Tercer Mundo alcanza el 9%, y el 39% la baja estatura. Mientras que los países más pobres el porcentaje de estos dos últimos indicadores llegan al 10 y el 50%, respectivamente, al tomar como referencia en los países desarrollados la cifra de cero.

Un elemento que hace de la malnutrición crónica un serio problema para la salud infantil es que vuelve a los niños más vulnerables diferentes enfermedades comunes de la infancia como las infecciones intestinales y respiratorias, que adquieren para los desnutridos características muchas veces mortales. Además, les afecta su desarrollo físico,  psíquico y muy particularmente el neuro1ógico.

En un estudio realizado en el Tíbet en la década del 90, considerado uno de los países mas pobres del mundo, con un ingreso per capita inferior a los 100 USD, se analizaron 2 078 niños tibetanos mayores de 7 años de edad, entre los que se halló malnutrición y otras enfermedades relacionadas con ella, vinculada frecuentemente a trastorno óseos y de la piel, así como a la perdida de pigmentación del cabello. El 67% de los niños estudiados padecía también de raquitismo (enfermedad  ósea caracterizada por un déficit severo de vitamina D). Pero resultaron muy significativas las conclusiones de dicho estudio al corroborarse que la complicada situación de salud que ellos presentaban se debía fundamentalmente a su pobreza concomitante y a la ínfima infraestructura de salud de las once regiones de donde procedían los niños objeto de la investigación .

Los indicadores generales de población relacionados con la salud ofrecen grandes diferencias entre los tres grupos de países que estamos comparando. Así, mientras los países industrializados tienen un  acceso al agua potable del 100%, los países en desarrollo alcanzan solamente el 71%, y los menos desarrollados el 55%. El índice referencial para el acceso a un saneamiento adecuado es también del 100%  en los países del Primer Mundo y escasamente del 40% y del 35%, respectivamente, en los dos grupos restantes. En cuanto al acceso de la población a los servicios de salud en general, los tres grupos, presentan porcentajes de 100, 80 y 48%, respectivamente .

En relación con la mujer específicamente, existen indicadores que muestran no sólo las desigualdades en materia de salud, sino de género también, determinadas, además, por las iniquidades socio-económicas. Entre ellas se encuentran la tasa de mortalidad materna, por 100 000 nacidos vivos, con abismales diferencias entre los países industrializados, los del Tercer Mundo y los más pobres del orbe, cuyas respectivas cifras son 13, 477 y 1 052; o el porcentaje de partos atendidos por personal especializado, que es del 99% en los países industrializados, 53% en los países en desarrollo y de sólo 29% en los menos desarrollados .

Cerca de medio millón de mujeres mueren anualmente por causas relacionadas con el embarazo, y el 99% de ellas pertenecen al mundo en desarrollo .

Cuadro 2.  Acceso y recursos de salud de cuatro países según IDH

Fuente: Tabla 6, Compromiso con la salud: acceso, servicios y recursos. Informe del PNUD año 2001.

De acuerdo con lo explicado en el capítulo 6 sobre la metodología realizada por el PNUD para confeccionar el índice de desarrollo humano (IDH), analizaremos comparativamente cuatro países de su lista general: Noruega, con el no.1 del desarrollo mundial y perteneciente al  mundo desarrollado; Perú, con el no.73, que se ubica en el llamado mundo en desarrollo; Haití, con el no.134, y Burkina Faso, con el no.159, que forman parte del grupo de países mas pobres del orbe. De estas países compararemos tres indicadores: porcentaje de población con acceso a medicamentos esenciales durante el año 1999; numero de médicos por 100 000 habitantes durante el periodo 1990-1999, y gastos en salud per capita en USD durante el año 1998.

En relación con el primer indicador, se evidencia la gran desigualdad existente entre el 100% de acceso de la población de Noruega medicamentos esenciales, un país europeo muy desarrollado, y sólo el 60% de las poblaciones respectivas de Perú, país latinoamericano perteneciente al grupo de países llamados «en desarrollo», y de Burkina Faso, de los más pobres del continente africano; y con el 30% de dicho acceso de la poblaci6n de Haiti, país paupérrimo del Caribe. En dichas desigualdades se ponen de manifiesto los diferentes factores socio-econ6micos que las determinan: deficiente capacidad adquisitiva de la poblaci6n, limitada accesibilidad a los servicios de salud  específicamente a los productos farmacéuticos y muchos otros.

En cuanto a la cantidad de médicos por 100 000 habitantes en sus mismas naciones, la desigualdad es mucho mayor. La de Noruega 4,3 veces la de Perú, 51,6 veces la de Haití y 137,6 veces la de Burkina Faso. Algo similar ocurre con el per capita en gastos de salud, que comparado con el de Noruega es de 8,8, 40,4 y 68,5 veces, respectivamente, el de Perú, Haití y Burquina Faso.

Un aspecto impactante relativo a la injusta distribución de la riqueza en el planeta y a sus nefastas consecuencias en la salud es la falta de interés en el desarrollo socio-económico de determinadas áreas de comunidades, unida a la inhumana discriminación de sus sociedades indígenas, muy comunes en nuestra América Latina, como es la relación entre altas tasas de fecundidad y de mortalidad infantil, como las encontradas en Perú durante el censo de 1993 entre los campashaninkas, con una fecundidad de 8,1 hijos por mujer y una tasa de mortalidad infantil de 99 por 1 000 nacidos vivos; o la mortalidad materna en la población indígena de Guatemala en 1994, que fue el 83% más elevada que la tasa nacional; o el suicidio, que se convirtió en un problema de salud para los pueblos guaraní-kiowa, de Mato Grosso do Sul, y tikuna, del Alto Solimoes de la Amazonía brasileña. Igualmente trágico resulta lo informado por Bolivia en 1993: el 20% de sus niños indígenas morían antes de cumplir un año de edad. Y el 14% de los que sobrevivían fallecían antes de alcanzar la edad escolar .

Interrelación entre la pobreza y la salud.

En la actualidad, 1 300 millones de personas viven con menos de un dólar diario.  El incremento de la pobreza representa uno de los principales factores causales de la mortalidad y la morbilidad globales, entre los que interactúan los agentes desencadenantes de enfermedades, la susceptibilidad individual de los seres humanos y su conducta habitual, determinantes influida por su nivel educacional, enmarcados en las condiciones del entorno donde aquellos viven y se desarrollan.
Esos 1 300 millones de pobres de bajo ingreso no son capaces de garantizar sus necesidades básicas para alcanzar una vida saludable. Por otra parte, el presupuesto necesario para garantizar el financiamiento de los servicios de salud a los 100 millones de familias más pobres del mundo sobrepasa los 21 000 millones de dólares.


El concepto epidemiológico de pobreza lo integran distintos componentes: el bajo estatus socio económico del país en cuestión, el nivel de desempleo, los bajos niveles de escolaridad y los bajos niveles de la economía familiar. Estos factores estresantes presentes en la sociedad actual, y mantenidos por un tiempo indefinido, sin expectativas racionales de solución o al menos de detención, coadyuvan de una manera trascendente a los riesgos de aparición e incremento la sociedad global de enfermedades y trastornos mentales. Por ejemplo, el riesgo de padecer de esquizofrenia es ocho veces más elevada entre la gente del más bajo estatus socio-económico que entre las del nivel más alto. Este hallazgo ha sido el resultado de innumerables investigaciones efectuadas en las pasadas décadas que demostró la estrecha relaci6n entre la salud mental y la pobreza, las estructuras  sociales, el estres psico16gico, el aislamiento y la segregaci6n en el seno de la sociedad.


Muchas han sido las conjeturas para explicar dicha relación, sin duda las mas 1ógicas han sido, en primer lugar, que los trastornos mentales y las incapacidades psiquiátricas debilitan en extremo funcionamiento social y psico1ógico. En segundo lugar, que las zonas sometidas a situaciones sociales desventajosas, como las que  determina la pobreza, están expuestas en un grado mucho mayor factores estresantes que actúan como detonantes para la aparición trastornos mentales y para facilitar la perdida de las habilidades necesarias para el buen funcionamiento social.

También se ha probado que las personas con un ingreso baja y rentas de seguros de salud son proclives a padecer el doble de trastornos mentales que sufre la poblaci6n general no sometida a muchas carencias, hallazgo que constituyó parte de las conclusiones un estudio realizado en 1999 en la Marillac Clinic, de Grand Junction Colorado, a 500 pacientes asociados con un ingreso inferior al del nivel federal de pobreza y desprovistos de seguro para su atención medica .

En el cuadro 3 aparecen las diferencias porcentuales entre los pacientes estudiados y la población general en cada uno de los trasto mentales hallados en el estudio.

En la mayoría de los países en los que se han realizado estudios sobre este tema, la incapacidad mental constituye una pesada carga la economía individual de las familias afectadas, así como para sociedad. Incluso en los casos en que se hace referencia a la recepción de ayuda económica oficial por los pacientes con trastornos mentales ésta consiste en modestas pensiones limitadas fundamentalmente  a empleados gubernamentales.

En el caso concreto de los países del Tercer Mundo, dicha ayuda es insignificante o simplemente no existe. El ejemplo de África es bien elocuente. Allí se carece, casi absolutamente, en primer lugar, de personal especializado para la atención de estos pacientes, más con 0 o 1 psiquiatra por 100 000 habitantes, lo que contrasta con los más de 10 existentes en Norteamérica.


Lo anteriormente expuesto evidencia una vez más las iniquidades presentes en el actual mundo globalizado, donde, en el caso específico de la población de los países en desarrollo que padece trastornos mentales, ésta es indiscutiblemente mucho más pobre que la del resto del orbe, y en la que constantemente se incrementan el estrés, la ansiedad, la depresión y la pérdida de autoestima, lo que se paga con significativo costo anual de preciosas vidas humanas por la vía del suicidio, como efectos colaterales de la pobreza.

Cuadro 3. Porcentajes de trastornos mentales hallados en un estudio realizado a 500 pacientes de bajo ingreso y carentes de seguro médico comparados con los de la población general.

Fuente: Cathleen Henning, “Poverty Increases Risk for Mental Illness, “ Rep Marinac Clinic¨, 1999.

Nota: En el texto original se ofrece información sobre la relación de la pobreza con el SIDA/VIH, la coexistencia en un mismo individuo del VIH y del Micobacterium tuberculoso, la degradación ambiental y sus catastróficas consecuencias en la salud, la polución aérea del ambiente, la pérdida de la biodiversidad; la aparición de nuevas enfermedades y de enfermedades reemergentes.


Fuente: http://www.sld.cu/galerias/doc/sitios/infodir/bps04b.doc

1 comentario:

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