sábado, 6 de febrero de 2010

Los yacimientos de agua subterránea

El retorno del ciclo del agua subterránea impregna tanto nuestra forma de pensar que entendemos el agua como un recurso renovable por excelencia. Lamentablemente este concepto puede estar equivocado si se plantea a escala humana. Algunas reservas de agua subterráneas están constituidas por agua que se desplaza muy lentamente a grandes distancias. Esta agua, denominada fósil, puede agotarse. Este es el caso precisamente de numerosos países áridos, donde el agua es explotada, lo que plantea serios problemas a los gestores de recursos.

Hoy, el ciclo planetario del agua, que moviliza anualmente del orden de 500 billones de metros cúbicos, es bien conocido, en toda su complejidad, por los especialistas; éstos se han centrado especialmente en seguir la circulación de las aguas y a cuantificar los distintos flujos de agua (precipitaciones, ríos, lagos, aguas subterráneas, etc.) que constituyen nuestra hidrosfera (véase «El ciclo del agua y el clima», en este número). Por el contrario, los poblemos de las reservas de agua han quedado relegadas a un segundo plano. La distribución del agua dulce en el mundo es muy irregular y una gran parte de este agua no se encuentra allí donde es necesaria. Si bien en términos generales los recursos hídricos son renovables y se cuantifican como un flujo, vamos a ver que en algunos casos, accesorios a escala mundial pero de gran importancia para algunos países, constituyen reservas casi no renovables a escala humana, igual que los yacimientos de hidrocarburos o de minerales.

La evaluación cifrada de los volúmenes de agua de las distintas partes de la hidrosfera se ha realizado a distintas escalas con resultados que muestran enormes disparidades entre las distintas reservas, océanos, hielos polares, aguas subterráneas, humedad del suelo, lagos, ríos, atmósfera. En los años 1960-1970, investigadores norteamericanos, como R.L. Nace (1) y soviéticos como M. I. Uvovich (2,3) efectuaron cálculos globales que sólo pretenden estimar órdenes de magnitud. Para ello utilizaron, por ejemplo, métodos geométricos para las reservas de agua libre de volumen relativamente estable, como los océanos, lagos o glaciares. También emplearon métodos basados en las concentraciones de agua medias estadísticas; éstas son más hipotéticas en el espacio, para las reservas de la litosfera, cuyos límites son más o menos vagos; también pueden ser hipotéticas tanto en el espacio y en el tiempo para las reservas de la atmósfera y del suelo, cuyo volumen es muy variable. (4) Las reservas menos voluminosas son las que tienen una cuantificación más aproximada (atmósfera, cursos superficiales de agua, humedad del suelo). Estos intentos han servido sobre todo para comparar los volúmenes medios de agua de cada subconjunto de reservas con los circulantes, con el fin de deducir los tiempos medios de renovación globales, índices estadísticos para los que sólo son significativas las diferencias. Así, M. I. Uvovich (3) calculó los tiempos de renovación medios, que para los océanos es de tres mil años, para los glaciares (casquetes polares y glaciares continentales) de ocho mil años, para los lagos diecisiete años, para los acuíferos de cuatro mil a cinco mil años, para los suelos (humedad) de un año, para los ríos de aproximadamente doce días y para la humedad atmosférica de una semana.


Figura 1. En términos absolutos no existe casi agua subterránea totalmente independiente y desconectada del ciclo natural del agua. Pero el agua forma a veces unas reservas poco implicadas en este ciclo. Estas reservas, explotables como yacimientos, tienen un periodo de renovación por tanto no es renovable a escala humana. Este es el caso del agua subterránea de Arabia Saudita, explotada para la irrigación intensiva de cultivos de trigo. Como se puede observar en la fotografía tomada en la finca de la granja Hadco al norte del país, la irrigación se realiza por medio de un sistema de aspersión pivotante. Cada circulo mide un kilómetro de diámetro (Foto A. Berthiaux, BRGM.)

Aguas fósiles que se pueden agotar

De hecho, los recursos de agua, desde el momento en que hubo el interés por definirlos y evaluarlos, inicialmente estuvieron asociados a los flujos mantenidos por el eterno retorno del ciclo del agua, a las posibilidades de captarlos y utilizarlos: el agua es extendida como un recurso renovable por excelencia. Si bien en términos absolutos no existe casi agua subterránea totalmente independiente y desconectada del ciclo del agua natural, las aguas se desplazan a velocidades muy distintas en las capas acuíferas y a veces recorren distancias muy grandes. Cuando estas aguas están presentes en las capas subterráneas desde hace miles de años y se desplazan muy lentamente, se denominan fósiles y, como veremos, pueden agotarse.

En los recorridos terrestres del ciclo de agua, que incluyen básicamente a las aguas dulces, las reservas continentales (lagos, hielos, capas subterráneas, etc.) desempeñan un papel primordial como reguladores. Sin ellas, las aguas fluyentes naturales serían tan irregulares como los aportes meteóricos las precipitaciones que las engendran y no existiría ninguna reserva de agua permanente. Los primeros estudios sobre las reservas y la cuantificación de sus volúmenes se centraron en comprender su función reguladora y en evaluar las posibilidades de sacarle partido para movilizar los recursos de agua renovables irregulares. Entre las distintas reservas, sí bien los grandes lagos y los glaciares son reguladores eficaces en las cuencas donde se encuentran, las capas de agua subterráneas o acuíferos son mucho más frecuentes; la mayor parte de las aguas fluyentes regulares en todos los continentes, estimadas en 12 billones de m3/año de media (o sea, el 30% del caudal total de los ríos del mundo, estimado en 40 billones de m 3 /año,(4» se deben a estos cursos subterráneos de agua. De hecho, las aguas superficiales permanentes son aguas que primeramente han circulado por el suelo y el subsuelo.

La explotación directa del agua subterránea ya es por sí misma una forma de utilizar la capacidad reguladora de los acuíferos y, al intensificarse, se acentúa la función, reguladora al no poder extraer más agua d la que el flujo natural suministra. La mayor parte de las explotaciones de agua subterránea en el mundo se ajustan a este modelo (Fig. l). En comparación a esta función, reguladora espontánea o estimulada de la reservas naturales, principalmente los acuíferos, los reguladores artificiales, los embalses de todo el mundo (que suman aproximadamente 2,5 billones de metros cúbicos solamente regulan 2.10 12 m3/año, de esta forma se consigue aumentar en sólo un 151/ los caudales regulares naturales de los ríos. A decir verdad, no es tanto el volumen. de agua total de una reserva natural lo que determina su poder regulador, sino su margen de variación posible. También hay que distinguir a este respecto dos clases de acuíferos. Unos están cubiertos por terreno permeables y el aire que contienen ocupa los poros o las fisuras y los niveles de lo innatos de agua que contienen pueden variar libremente en función de su caudal, pe. lo que se les denomina acuíferos libres, lo otros están recubiertos por terrenos casi impermeables y su manto de agua subterránea se encuentra cautivo, o "presurizados" (Fig. 2): los primeros son comparables a le embalses y los segundos a las tuberías forzadas. Los acuíferos cuyo volumen de agua puede- variar libremente son mejores reguladores que los acuíferos cautivos, de volumen casi invariable.

Minas de agua independientes del ciclo del agua

¿En qué medida y en qué condiciones las reservas de agua naturales pueden ser utilizadas no ya como reguladores, sino explotadas como recursos no renovables, yacimientos del estilo de las materias primas minerales (como el petróleo, gas, minerales, etc.)?

Por regla general, la distinción entre recursos renovables y no renovables está muy bien definida: unos se presentan en forma de flujo y se reproducen o regeneran de forma natural; los otros son reservas que no se reconstituyen a escala humana. En el caso del agua, la naturaleza nos ofrece a la vez flujos y reservas, y la distinción entre recursos renovables y no renovables depende de la duración a escala humana de las actividades económicas. Además, unas y otras no son independientes. A diferencia de las materias primas estáticas, las reservas de agua no se escapan de la dinámica del ciclo del agua, ya que como se ha dicho participan en la regulación de los flujos. Por tanto, la explotación de una reserva tiene corno condición y por resultado perturbar la circulación general de las aguas, «interrumpir la corrientes, lo que puede producirse de diversas formas. Las reservas de agua explotables como yacimientos son a prior¡ los que están relativamente poco implicados en el ciclo del agua actual, poco conectados a los sistemas de circulación activos -a las redes hidrográficas-; ello excluye a la mayoría de los lagos y bolsas subterráneas poco profundas muy ligadas a los cursos de agua superficiales. El lago Baikal, por ejemplo, tiene el honor de ser la mayor reserva de agua dulce superficial del planeta (23.10 12 m 3 ) y no se trata en ningún caso de un recurso no renovable, ya que su extracción implicaría en primer lugar la extracción permanente del flujo de 60.10 9 m 3 /año que lo atraviesa (desviando su emisario, el Angara). Y esto mismo es válido para todos los lagos de agua dulce del mundo ligados a los sistemas fluviales.

 
Fig. 2. Existen dos clases de reservas acuíferas, las primeras están cubiertas por terrenos permeables en los que el aire ocupa sus poros o fisuras y los niveles de los mantos de agua subterránea que contienen pueden variar libremente; son los acuíferos libres (esquema A), Las segundas están cubiertas de terrenos impermeables (en marrón claro en el esquema B), y su bolsa (en azul), se encuentra cautiva entre ellos. La cantidad de agua mivilizable haciendo descender el nivel de agua entre el nivel inicial N1 y el nivel dinámico mas profundo posible N2 corresponde, en un acuífero libre (en A), al volumen de roca en el que el agua ha sido captada, (el volumen extraído, en azul claro), multiplicado por la porosidad útil (la proporción de volumen rocoso que puede liberar agua) En un acuífero cautivo "presurizado" (en B), la cantidad de agua mivilizavle corresponde a la descompresión de la roca y el agua. Contrariamente a los acuíferos cautivos, cuyo volumen permanece casi invariable, el nivel de los acuíferos libres varia libremente en función de su caudal, por ello son mejores reguladores de los flujos naturales.

 
Salvo la explotación de los glaciares como una cantera -o acelerando su fusión por medio de costes energéticos que se pueden considerar como asumibles- sólo quedan las reservas de acuíferos que son a la vez muy voluminosas y que están bastante mal conectadas a los sistemas actuales de circulación de las aguas. La renovación de las grandes reservas acuíferas puede expresarse en función del cociente entre los caudales que reciben y/o suministran y el volumen de agua que contienen, o también de forma inversa, por el tiempo teórico necesario para que este flujo acumulado iguale la reserva. La renovación de las grandes reservas nunca es nula, pero es muy lenta. La tasa de renovación de muchas de las grandes reservas acuíferas libres o cautivas puede ser inferior a 1.10-4o 1.10-5, lo que corresponde a tiempos de renovación de varios miles o decenas de miles de años (véase la tabla 1) (5,6,7,8,9,10,11,13).

Por tanto, es la lentitud de su renovación lo que hace que estas reservas sean recursos no renovables a la escala de las obras humanas de explotación. La extracción de volúmenes apreciables en algunas décadas o un siglo queda sometida a las condiciones económicas de viabilidad de cualquier explotación minera. Los tiempos de renovación de las reservas acuíferas de menor extensión y profundidad, en la mayoría de los casos de manto de agua libre, son mucho más cortos y más próximos a la escala humana: algunas décadas, o incluso algunos años. Estos acuíferos ofrecen básicamente recursos de agua renovables, formados por su flujo y no por su reserva.

La explotación de las reservas agua subterránea, que empezó en algunos países en el siglo XIX, inicialmente sólo se trató de un hecho involuntario, consecuencia de la intensificación de las extracciones bajo la presión de las necesidades. La explotación fue posible por los progresos técnicos (perforaciones y bombeos a gran profundidad), antes de ser consciente y deliberada. Los explotadores se dieron cuenta de ello sólo cuando tuvieron el poder de extraer de las capas subterráneas más agua de la que las alimenta de forma natural y, por tanto, la posibilidad de agotarlas. En los países de clima húmedo, templado o tropical, con recursos de agua renovables -superficiales o subterráneos- abundantes, estas explotaciones de reservas han sido marginales; se desarrollaron sobre todo en las cuencas artesianas donde las perforaciones más o menos profundas permitían obtener agua brotante con un bajo coste energético, como en la región parisiense (primera perforación en 1840), o incluso como consecuencia del agotamiento del agua de minas, como en Lorena, sin que al principio se entendiera que no serían duraderas a largo plazo. Por el contrarío, en los países de clima árido con recursos de agua renovables limitados y muy explotados, y donde las aguas subterráneas ofrecen la mayor parte de los recursos de agua básicos, la explotación de las reservas acuíferas es muy intensa. Esta explotación se realiza siguiendo una estrategia deliberada de agotamiento a más o menos largo plazo. Dicho de otro modo: desde hace algunos decenios se ha desarrollado la explotación de los recursos no renovables. La conjunción de medios técnicos y financieros poderosos ha hecho posible una verdadera explotación minera del agua subterránea en Estados Unidos, Sahara, Arabia Saudita, etc. (tabla 2).

Como en el elemental «problema de los grifos», si la suma de lo que se saca y de los flujos naturales residuales que salen del acuífero excede del flujo medio de las aportaciones, la diferencia, saldo negativo del balance, corresponde a una disminución la reserva, del mismo modo que en un presupuesto un saldo deficitario entre entradas y gastos equivale a una pérdida de tesorería,...

 

Fig. 3. La tasa de renovación de numerosas reservas de agua acuífera libre o cautivas muy grandes puede ser inferior a 1.10-4 o 1.10-5, lo que corresponde a periodos de renovación de varios miles o decenas de miles de años. Esta lentitud de renovación es la que hace que estas reservas no sean renovables a la escala de las empresas humanas de explotación. De hecho existen dos clases de reservas acuíferas que ofrecen recursos no renovables y que se ilustran en este esquema. Por una parte pueden distinguirse los acuíferos profundos de las grandes cuencas sedimentarias, presentes en todas las zonas climáticas, con bolsas de agua dulce cautivas accesibles mediante sondeos que pueden sobrepasar los mil o dos mil metros de profundidad. Por otra parte, existen los acuíferos de bolsa libre de gran grosor en zonas áridas.
 
Finalmente, la experiencia nos ha mostrado que existen dos clases de acuíferos que ofrecen recursos -no renovables (Fig. 3); por una parte los acuíferos profundos de las grandes cuencas sedimentarlas en todas las zonas climáticas con mantos de agua dulce cautivos, accesibles mediante perforaciones que pueden sobrepasar los mil o dos mil metros de profundidad; y por otra, los acuíferos libres de gran grosor (de uno a varios centenares de metros) en zona árida.

La distribución de los yacimientos de agua en el mundo está regulada por las estructuras geológicas y por las zonas climáticas. El mapa de la figura 4 muestra dónde se sitúan las más importantes, explotadas aún de forma muy desigual, y las principales «minas de agua», es decir, los campos de explotación en régimen de agotamiento voluntario o de hecho (algunos explotan reservas demasiado localizadas para figurar a esta escala). Este mapa podría completar una geografía de los recursos minerales entre los cuales generalmente no se incluye el agua.

¿Cómo se evalúan las reservas explotables?

No todos los recursos de los acuíferos no renovables pueden catalogarse ipso facto como yacimientos explotables. Las reservas calculables teóricas son muy superiores a los volúmenes extraíbles en la práctica. La primera razón es muy simple, la profundidad de bombeo de agua técnica y económicamente practicable es limitada: de doscientos a doscientos cincuenta como máximo. Ello impide que se exploten acuíferos cautivos profundos, que alcanzan los quinientos metros, los mil o más. En estos acuíferos cautivos, el descenso de nivel producido por la descompresión permite extraer volúmenes de agua muy pequeños, del orden de la diez milésima parte del volumen de agua del total (Fig. 2) Así, los acuíferos libres o cautivos poco profundos, que en parte pueden convertirse en libres mediante el descenso de sus niveles, ofrecen los recursos de agua no renovables mas considerables. Además, para hacer descender uniformemente hasta la profundidad limite los niveles de los mantos de agua subterránea muy extensos -del orden de varias decenas o centenares de miles de kilómetros cuadrados-, haría falta un número de perforaciones tan grande que sería incompatible con las posibilidades de una inversión rentable, y se deberían diseminar por toda su superficie, incluidos puntos muy lejanos de las zonas de utilización del agua. Ello reduce aún más los volúmenes explotables.


Tabla 1. La renovación de las grandes reservas acuíferas nunca es nula, pero es muy lenta. Corresponde a periodos de una duración de varios miles o decenas de miles de años, como indica esta tabla. La tasa de renovación de muchos de los grandes acuíferos libres o cautivos puede ser inferior a 1.10-5 o 1.10-4, lo cual es muy bajo y explica el agotamiento de las bolsas de agua.


Sin embargo, la forma de evaluar las reservas de agua subterránea explotables con una estrategia «minera» difiere según los ingenieros de obra, que no plantean el problema de la misma manera que los especialistas. Unos se basan en un método estático de estimación de los yacimientos basado en la geometría de las reservas, la porosidad «Útil» (proporción del volumen rocoso que puede liberar agua cuando queda al descubierto) e hipótesis sobre el descenso máximo del nivel de agua. Esta evaluación no tiene en cuenta los planes de explotación realizables. En esta óptica, por ejemplo, el especialista egipcio M.A. Ezzat estimó en 1977(6) en 600 mil millones de metros cúbicos el volumen de agua explotable en el acuífero de las areniscas de Nubia (Egipto y Libia); igualmente, estudios recientes llevados a cabo por el Alemán H. Neuland (9) estiman en 550 mil millones de metros cúbicos las reservas explotables en los principales acuíferos de Arabia Saudita. Un método más adaptado al comportamiento hidrodinámica de los acuíferos es, a priori, más realista. Basado en planes y escenarios de explotación definidos y, por tanto, limitados en el tiempo, tiene en cuenta la evolución previsible de los niveles para cada proyecto de producción, y con ello se relativizan los volúmenes extraíbles calculados para los horizontes adoptados (por ejemplo- años 2000, 2020, etc.) y solamente ofrece una estimación de reserva parcial. A principios de los anos setenta, el estudio para la UNESCO sobre los acuíferos del Sahara septentrional (Argelia y Túnez) estimó de esta manera, según 1 n dos escenarios de explotación, que entre 1970 y 2000 se podrían extraer de las reservas de 15 y de 23 mil millones de metros cúbicos de agua.(10) Si bien los dos métodos tienen un tronco común -el análisis estructural y la descripción geométrica de los mantos de agua no pueden conducir a resultados coherentes ya que uno está basado exclusivamente en el espacio mientras que el otro se enmarca, además en el tiempo. Los resultados del segundo método son necesariamente inferiores en magnitud a los del primero. La diferencia revela a la vez los efectos de tener en cuenta el descenso del nivel real determinado por un plan de explotación viable -en lugar de un descenso uniforme general y de la duración limitada impuesta a los escenarios. El método minero del cálculo de reservas y el método hidrodinámica de las previsiones de la caída de presión y, por tanto, del agotamiento, aún tienen que conciliarse. En lo que respecta a las reservas de agua subterránea, la evaluación es inseparable de la gestión preventiva.


Tabla 2 . La cantidad de agua extraída de las capas de agua subterránea no equivale completamente a una disminución de las reservas, como indica la tabla. El flujo de las aportaciones compensa una pequeña parte de la extracción


¿Cómo gestionar las reservas?

La gestión de las reservas de agua no renovables plantea problemas que se parecen sólo en parte a los de la gestión de otras reservas de materias primas minerales. Empezando por la oportunidad de explotar deliberadamente (y no sólo involuntariamente) estas reservas en detrimento de la captación indefinida únicamente de los flujos renovados, hecho que ha sido cuestionado. El profesor norteamericano W.C. Walton se preguntaba ya en 1970 en un manual que ha sentado cátedra: (14) «Es un problema real de desarrollo y de gestión en las zonas áridas-. ¿El agua tiene que ser extraída en beneficio máximo de la generación actual, de la misma manera que los minerales y los demás recursos no renovables, o el bombeo se ha de limitar a la cantidad negligible renovada perpetuamente?» Otros han replicado, bajo una óptica productivista a corto plazo, que no existe ninguna razón para dejar de utilizar un «capital-agua» igual que no la hay para otros yacimientos de materias primas, cuando su explotación es económicamente «rentable» siguiendo los criterios de sus usuarios. De hecho, estas explotaciones se han desarrollado en varios países ya citados (véase la tabla l), allí donde constituyen las formas de producción de agua más ventajosas. En Texas, por ejemplo, entre 1900 y 1980 se ha extraído cerca de una cuarta parte de la reserva total del acuífero de las High Plains, lo que ha provocado un descenso del nivel que sobrepasa los sesenta metros. Anualmente se extraen aún seis mil millones de metros cúbicos (años ochenta) y la reserva explotable restante sería de 245 mil millones de metros cúbicos en 1990, lo que da unos cuarenta años de producción al ritmo actual. (11,13).

La gestión de las reservas sometidas a este tipo de explotación minera plantea problemas específicos. En primer lugar, como a menudo los explotadores son muchos (agricultores, industriales, corporaciones locales, etc.) no existe un objetivo común ni reglas de gestión colectiva. Es necesaria 1a creación de una autoridad de gestión apropiada y de una disciplina común de los explotadores individuales. En segundo lugar como en todas las explotaciones mineras y petroleras, hay que buscar un compromiso entre los objetivos próximos de producción anual y la duración de la «renta minera, deseada: hay que maximizar las ventaja a corto plazo de la utilización de estas reservas de agua heredadas, o bien hay que hacerlas durar más tiempo en provecho di las generaciones futuras La ausencia de un mercado mundial de agua, similar al de, otras materias primas, las dudas sobre lo futuros costos de producción (ligados a precio de la energía), las dificultades y la diversidad de las alternativas posibles después del agotamiento de los yacimientos, complican la elección.


Fig. 4. La distribución de las grandes reservas de agua acuífera que ofrecen recursos no renovables, indicados en verde en este mapa, esta basada tanto en la estructuras geológicas (las grandes cuencas sedimentarias), como por las zonas climáticas (zonas áridas). Las reservas mas importantes presentadas tienen un grado de explotación muy desigual. Las principales "minas de agua" se han indicado en negro. Todos estos campos de explotación intensiva de agua subterránea se encuentran en camino de agotarse, más o menos rápidamente, según los lugares


Estos problemas son tanto más importantes en los países áridos donde una parte importante, incluso mayoritaria, de todos los aprovisionamientos de agua derivan de la explotación de recursos no renovables: 73% en Arabia Saudita (1985), 71% en Libia (1985), cerca de un 50% en los Emiratos Árabes Unidos y Qatar (hacia 1980). La estrategia de «reconstitución de los yacimientos» -familiar para los petroleros y los mineros- que tiene que invertir una parte de los beneficios de la explotación en prospección para descubrir nuevos yacimientos no es trasladable tal cual en este caso. Hasta un cierto punto, en los acuíferos muy extensos, se podría plantear el desplazamiento de los campos de explotación cada veinte o treinta años para captar de forma más completa las bolsas en los tramos explotables, con el costo del transporte consiguiente del agua a grandes distancias. Es la estrategia que se ha adoptado en Libia, por ejemplo, con el transporte hasta el litoral, mediante una canalización que se está construyendo -«el gran no artificial»- de agua que será bombeada de las reservas de agua dulce fósil de acuíferos saharianos: desde As-Sarir primero sobre quinientos kilómetros, después, desde Koufra sobre quinientos kilómetros más (en la fase final se extraerían de 1,5 a 2 mil millones de metros cúbicos anuales).

En general, las alternativas a la explotación de recursos de agua no renovables consistirán en recurrir a nuevas formas de suministro convencionales (construcción de presas en los últimos sitios adecuados disponibles o recrecimiento de presas existentes para regular de forma más completa las avenidas; transporte de agua a mayor distancia, de las regiones excedentarias a las deficitarias) o no convencionales (desalinización del agua de mar, reutilización de aguas usadas, etc.); o bien transformar la utilización del agua y actuar sobre la demanda, suprimiendo algunos usos, reduciendo las pérdidas, desarrollando el ahorro de agua y haciendo que la utilización sea más eficiente (en especial la irrigación, con la expansión de la microirrigación -gota a gota- (véase «La irrigación del futuro». en este número) o incluso desplazando las actividades altamente consumidoras más cerca de las regiones más ricas en recursos renovables. Las dos vías pueden combinarse. En cualquier caso estas alternativas serán costosas y aumentarán las cargas económicas de los sistemas de aprovisionamiento de agua para todos los usos. También puede sugerirse que la duración de los períodos de explotación de recursos no renovables no se determinen exclusivamente en función de los objetivos de aprovechamiento a corto plazo, sino que se decidan para cada caso en función de los plazos necesarios para preparar las transformaciones inevitables de la economía del agua regional. Podemos suponer que los beneficios obtenidos con la utilización de los recursos no renovables podrán contribuir a las inversiones requeridas, especialmente en investigación y desarrollo, para las alternativas que hay que preparar. Ello implica a la vez la elección de usos del agua suficientemente valiosos y que los beneficiarios asuman unas cargas que generen un margen apreciable en lugar de tender a una distribución de agua casi gratuita, que estaría pagada de hecho por las generaciones futuras. También nos podemos preguntar sobre la base y el futuro de producciones agrícolas de subsistencia irrigadas con recursos d, agua no renovables en zonas áridas. En Arabia, por ejemplo, una economía de mercado exacerbada puede conducir a agota en pocos años las reservas de agua fósiles incitando a desarrollar mediante la irrigación una especulación agrícola a corto plazo.

En cualquier caso, la utilización de los recursos de agua no renovables ofrecido por los grandes acuíferos en distintos países, que ha adquirido un fuerte empuje durante este siglo, se acabará probablemente durante el siglo XXI y sólo habrá sido un momento de la historia de la utilización de agua por la humanidad. Algunos miles de millones de metros cúbicos de agua se habrán extraído -de forma irreversible en si mayoría- de la litosfera. Pero este volumen de agua no se habrá perdido para la hidrosfera, habrá vuelto al ciclo del agua terrestre, aumentando su flujo global, aunque en una cantidad imperceptible.

Notas:

(1) R. L. Nace; "Water of the world", Natural History, LXXIII, 1964, p. 10.

(2) M. I. L'Vovich; "Les resources en eau du globe terrestre et leur avenir". Izv. An. SSSR, Ser. Geogr. 6, 1967.

(3) M. I. L'V'vovich, "World water resources and their future", 1974-79.

(4) Colectivo, "World water balance and water resources of the earth", 1974-79, Stud. And Report Hyd., 25, 1978.

(5) A. De Cunha Reboucas; "Le grand basin geologique du Maranhao, Brasil", p. 448, 1978.

(6) M. Ezzat; "The development of the egyptian western desert", 1975, p. 205.

(7) J. Forkaiserwicz, J. Margat, "L'explotation des reserves d'eau souterraine en zones arides et semiarides", 1982.

(8) M. A. Habermehl, "The grat artesian basin"; 1980.

(9) H. Neuland, "Foods-tuff production target in arid zones: issues and prospects from de arabian peninsula"; 1988.

(10) P. Pallas; "Les resorces en eau du Sahara septentrional", 1972.

(11) S. Postel; "Water rethinking management in an age of scarcity", 1984.

(12) J. A. Tinajero Gonzalez; "Strategie du gestion eaux souterrainesau Mexique"; 1980.

(13) USGS; "National water summary", 1984.

(14) W. C. Walton; "Ground water resource evaluation", 1970.

Bibliografía General:

R.P. Anibroggi, «Water under the Sahara», Scí. Amer., 5, 214, 1966.

G. Castany, "Principles et méthodes de I'hydrogéologie", Dunod,, 1982.

J. Margat, K.F. Saad, «Concepts for the utiLization of non-renewable ground-water resources in regional development», Natural Resources Forum, 7, 1983.

J. Margat, K.F. Saad, "Les nappes souterraines profondes: des mines d'eau sous les déserts", Nature el Ressources, UNESCO, abril-junio 1984, P.7.

Colectivo, «Exploitation des réserves d'eau souterraine en zone aride et semi-aride», Hidrogéologie et géologie de I'ingéníeur, n 1 2, ed. BRGM, colas. con CEFIGRE, 1982, p.114.


Fuente: http://www.visionesalternativas.com/militarizacion/articulos/agua/15.htm

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